jueves, 21 de julio de 2011

American Visa


La semana pasada acabé de leer American Visa de Juan de Recacoechea, una novela que te vuelve cómplice del crimen (robo y asesinato) cometido por Mario, su personaje principal, uno más entre todas aquellas personas con el sueño de viajar al país del norte. 

Mario quiere viajar a E.E.U.U. y ver a su hijo, se acobarda presentar su documentación en la Embajada por temor a las investigaciones que realizan a los solicitantes, no tiene otro remedio que recurrir a aquellas agencias que tramitan la Visa clandestinamente, pero no cuenta con el dinero suficiente y tiene que robar.

Lector de literatura policial, estudia a la víctima, se prepara para el asalto y en el acto asesina a un alto dignatario del estado (amante de la víctima); los medios de comunicación anuncian que el funcionario murió por razones de salud y omiten el crimen, lo ocultan para no ridiculizar el honor de la familia y por ende se salva el cuello de Mario.

Con la Visa en mano, Mario no pasa del aeropuerto de El Alto, descubren la falsificación de documentación de la agencia clandestina y no puede viajar; decepcionado por la situación se pone a beber, es asaltado y golpeado por maleantes de la ciudad del futuro (El Alto). No le queda más que aceptar la invitación de irse a Riberalta con la hermosa morena stripper, Blanca, que conoció en el hotel donde se alojó durante el transcurso de la novela.

American Visa, premio de novela Erich Guttentag, llevada al cine por Juan Carlos Valdivia con algunos ajustes y no en toda su esencia; es uno de los títulos precursores de la literatura policial en Bolivia, un libro que debe ser leído por todo aquel amante del género negro, ya que en palabras de Wilmer Urrelo, es “la mejor novela policial en el país”.

martes, 12 de julio de 2011

Entre Libros y Sorpresas

Hace unas semanas atrás tuve la oportunidad de transitar por las calles de la capital del Bení, Trinidad; entre vueltas y vueltas a la hora de hacer algunas compras en el mercado popular de aquella ciudad, me encontré con una sorpresa.

Antes de revelar dicha sorpresa, se tuviera que tomar en cuenta que Trinidad, a juicio mío, es una ciudad que lee poco y si existe algún despistado por ahí, dudaba y aún dudo que lea un libro de ese autor y de ese género.

En fin, aquella sorpresa era nada menos que varios ejemplares  de “Borracho estaba, pero me acuerdo” de Víctor Hugo Vizcarra, y en versiones piratas; grata fue la sorpresa, pues un fiel lector del Víctor Hugo como yo, no pensaba encontrar un libro así por esa rinconada del país, quizá esperaba tropezarme con un Alfredo Flores, Jorge Suarez, Homero Carvallo, pero con uno como Vizcarra, jamás.  

Verlo ahí expuesto en un mercado popular, en versión pirata, me anima a afirmar que en esa ciudad se lo está leyendo al Víctor Hugo, al menos según argumentos de los comerciantes, se piratea a los libros porque el cliente lo demanda y para que esté ahí expuesto “en un mercado popular” y “pirata” (valga la redundancia), se cumple no más la ley de la oferta y la demanda y a Vizcarra se lo está demandando por esas tierras.

Espero sea esa la justificante de los ejemplares en aquel mercado y se lo esté consumiendo como debiera ser, de lo contrario prefiero decir: 

“Borracho andaba y no me acuerdo”